AMLO, ¿PRESIDENTE?

Andrés Manuel López Obrador ha sido dos veces candidato a la presidencia, sin embargo no ha logrado hasta el momento ganar ninguna de las elecciones. Muchos creerían que es una apuesta perdida, pero políticos como Lula da Silva, quien perdió varias elecciones antes de ser presidente, estarían en desacuerdo con esto.

El objetivo del presente análisis es mostrar algunas de las razones que, a mi parecer, son muy importantes para explicar por qué AMLO podría llegar a ganar la presidencia en 2018.

EL AUGE POPULISTA

El populismo actualmente vive un auge sin precedentes sólo comparable al ascenso del fascismo en Italia o del nacionalsocialismo en Alemania. El mundo vivió entonces una desastrosa guerra que como consecuencia trajo consigo una revolución ideológica que buscaba una paz permanente, en donde las interconexiones entre países, los derechos humanos y la cooperación internacional eran lo más importante a considerar, de ahí que la Carta de las Naciones Unidas se firmara en 1945 y Jean Monet y compañía comenzaran a promover la idea de la Europa Unida.

Así, a pesar del Conflicto Bipolar durante la segunda mitad del siglo XX y algunos conflictos de poca magnitud, el mundo se mantuvo en una relativa paz que con el desmembramiento de la URRS en 1991 parecía ser definitiva y duradera. Se promovió la globalización, el neoliberalismo y el libre comercio como la perfecta prevención de guerras futuras y desarrollo mundial. Se formó la Unión Europea en 1991 y entró en vigor el TLCAN en 1994. Si los países tienen todos estos vínculos económicos y son interdependientes entre sí hay poca posibilidad de que se desate un conflicto. Suena lógico, ¿no es así?

Sin embargo, lo que se vive actualmente y el auge del populismo nacionalista son resultado de la misma globalización. Para el individuo el duelo personal de concebirse menos como un patriota y más como un ciudadano del mundo globalizado ha sido muy complicado. Entra en un conflicto de identidad y como mecanismo de defensa utiliza la regresión, volver a lo conocido. Por ello, como el péndulo, el nacionalismo es nuevamente el camino a seguir para muchas personas. Prefieren regresar al pasado en vez de defender la integración y los valores de lo “políticamente correcto” que se han venido promoviendo desde la Segunda Guerra Mundial. De ahí la exitosa campaña de Boris Johnson para suscitar la salida de Reino Unido de la Unión Europea y el ascenso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos. Este último evento no debe pasar desapercibido, pues es muy útil para hacer un pronóstico de lo que podría pasar en México para 2018.

El populismo tiene efectos muy interesantes en las personas. Los populistas se suelen plantear como una verdadera esperanza de “cambio” (o en el caso de Donald Trump “regresión”), significante flotante que hacen suyo durante su campaña. Apelan a lo más importante del individuo: su identidad. Se plantean como los héroes en contra de un grupo o nación. En el caso de Trump los “migrantes mexicanos” y China, en el caso de Podemos en España la “casta política” y en el caso de AMLO la “mafia del poder”. Así, el individuo que sigue el movimiento populista, a través de un proceso dicotómico, reafirma su identidad. Él no es inmigrante, no es de la “casta” ni un “mafioso del poder”. Es el pueblo, tal y como el líder del movimiento populista simple y sencillamente.

Para no caer en los efectos populistas es necesario que haya una educación de calidad, y aún así estas sociedades educadas son víctimas del discurso populista. Un ejemplo es el Reino Unido y el BREXIT. Empero, las naciones con un alto nivel educativo son menos susceptibles a caer bajo los efectos del discurso populista, pues entre más se cuestione su plan de acción más probable es que salga a relucir la demagogia del líder. Un ejemplo claro es Podemos. El partido político que parecía revolucionario, llegando en menos de un año a ocupar el tercer lugar y luego el segundo en una democracia tradicionalmente bipartidista. Sin embargo, y contra muchos pronósticos, cuando se celebraron los comicios, Podemos no llegó a estar ni remotamente cerca de gobernar por mayoría. Esto tuvo como efecto otra característica típica del populismo: el cambio de discurso. Podemos entonces hizo una coalición con un partido de la “casta política”, Izquierda Unida. Asimismo, propuso poner en peligro la integridad del territorio español a través de un referéndum en Cataluña, algo que generó muchos seguidores nuevos pero que hizo que mucha gente se diera cuenta de que no era el camino óptimo, y la euforia populista pasó, desplazando a Podemos Unidos en los siguientes comicios.

La reinvención es característica de la política. De ahí el “nuevo PRI” o la apertura de un partido conservador como el PAN a tener candidatas mujeres. Sin embargo, en el discurso populista este aspecto llega a ser incluso cínico, como el caso de Fujimori en Perú, quien originalmente promovía un sistema de libre mercado y posteriormente comenzó a incluir en su discurso la propaganda antineoliberal con tal de obtener más votos.

AMLO PRESIDENTE

Andrés Manuel López Obrador es un político muy querido en México. Es la clásica definición del populismo de izquierda y desde hace dos presidencias se propone como el cambio verdadero que necesita el país.

Su movimiento, al principio novedoso, terminó con convertirse en un partido político que cada vez toma más fuerza y llega a desplazar a los partidos de izquierda tradicionales en México. Tiene un efecto hipnotizador en la gente que, con la ineptitud del gobierno de Enrique Peña Nieto, se siente cada vez más cercana a AMLO.

El gobierno actual ha cometido un peligroso error: se ha divorciado del pueblo. Nótese que muchas de las decisiones de los gobiernos no necesariamente tienen que ser populares. Sin embargo, pareciera que Peña Nieto está cada vez más lejano a su gente, con un pobre índice de aprobación de 25% y ligado a escándalos de corrupción como la Casa Blanca. Eso sin mencionar el drama de los 43 estudiantes desaparecidos. Es un bufón que pareciera es ajeno al verdadero sentir de los mexicanos, y su imagen cada vez se ve más deteriorada. Un ejemplo claro es cómo, en tiempos de incertidumbre, apostó por salir en televisión nacional y mentirle a todo el país sobre el incremento del precio de la gasolina. Por ello, los ciudadanos están dolidos y sensibles, y buscarán todo lo que tenga la palabra “cambio”. Y no sólo un cambio relativo, como el que representó el panismo en el poder, sino un cambio radical. Ahí es donde entran Morena y AMLO.

El proceso dicotómico tiene un efecto inmediato en la gente. Peña Nieto, junto con Videgaray, Salinas de Gortari y Javier Duarte, por decir algunos priístas, son la “mafia del poder”. Por eso son corruptos, en cambio, AMLO es como nosotros, el pueblo, por lo que no cometerá actos de corrupción.

La cuestión educativa también tiene una consecuencia importante. La educación en México es ineficiente, la más pobre dentro de la OCDE, por lo que la gente no educada es muy susceptible a caer en el discurso populista como el que maneja Andrés Manuel, dejándose llevar por los significantes flotantes manipulados durante la campaña.

Por último, no se puede negar el efecto Trump, algo que conllevó un fenómeno conocido como el “voto de clóset”. Mucha gente, aunque no lo admitía públicamente por la carga social que esto representaba, votó por Trump en la urna. Muy probablemente, lo mismo sucederá con Andrés Manuel.

Los seguidores de izquierda se han asociado con movimientos sociales antigobierno, muchas veces siendo llamados “chairos sin fundamento”, sólo les “gusta la grilla” e incluso se llega a relacionar con violencia. Sobre todo, la reputación de los seguidores de AMLO, tras los bloqueos de Reforma en 2006, ha sido vista por gran parte de la clase comerciante, la media alta y la alta de manera negativa. Esto, aunado a la propaganda anti-AMLO de los diferentes gobiernos y líderes políticos, provoca que muchos sean “AMLOvers” de clóset, pues aceptar que simpatizas con Morena y su líder implica una carga social negativa para muchos. Empero, esto de ninguna manera quiere decir que en el momento de elegir al presidente en 2018, los AMLOvers no voten por su candidato. Lo harán aunque no lo admitan.

CONCLUSIÓN

Por las razones anteriormente mencionadas Andrés Manuel tiene grandes posibilidades de llegar a la presidencia en 2018. Sobra recalcar también el papel del actual gobierno que, como se mencionó, al divorciarse radicalmente de su pueblo, pareciera que cada vez da más argumentos para que AMLO se posicione.

Lo único que es muy importante tomar en cuenta son algunos de los peligros que conlleva el populismo en el poder. Una crítica común es que, más allá de la demagogia, los extremos del proceso identitario con el líder pueden derivar una radicalización que desemboque en fascismo. Esto sucedió principalmente en Alemania, donde la gente estaba verdaderamente simbiotizada con su Führer, al grado que llegó a matar por él.

Asimismo, las consultas populares propuestas por AMLO, con el precedente de aquellas llevadas a cabo por Hugo Chávez en Venezuela, pueden desembocar en hiperpresidencialismo, como sucedió en ese país, restando facultades al Congreso, algo completamente ajeno a la tradición republicana mexicana. Además, esto podría abrir un camino para gobernar por decreto, como lo que pasaría en Turquía si se aprueba la reforma propuesta por el presidente Erdogan.

Finalmente la cuestión más importante es estar verdaderamente informados y, ante todo, no aceptar ninguna clase de gobierno que adelgace los derechos de los mexicanos. Ninguna radicalización, ya sea izquierda o derecha, puede ser positiva.

El reto será encontrar al candidato que sepa hacerle frente al durísimo reto que representa Donald Trump y, además, que logre estabilizar un país muy descontento. Por ello considero que el terreno en México es lo suficientemente fértil para continuar con la tendencia mundial hacia el populismo nacionalista. AMLO es el único que representa esto en el país, por lo que, a mi parecer, es muy probable que llegue a sentarse en la silla presidencial.

 

 

¿”Necesita” Occidente del Terrorismo?

Gran parte de las razones de nuestra manera de ver el mundo, de actuar e incluso de nuestra propia naturaleza humana se debe a la otredad. ¿Quién es el otro? ¿Quién es el opuesto? Y, por supuesto, ¿quién es el bueno de los dos: el otro o yo? ¿Quién es el malo?

El Post-Estructuralista Jacques Derrida, el pionero de la Deconstrucción, observó a la perfección la situación de las Relaciones Dicotómicas hechas por el hombre a través de  la historia, y sobre todo las Oposiciones Binarias que definían nuestras interacciones, las cuales eran mutuamente excluyentes y se encontraban jerarquizadas. Sin embargo, a pesar de identificar que siempre había una por encima de la otra, como presencia-ausencia, en donde “presencia” siempre era preferido, al mismo tiempo se trataba de una condición de posibilidad mutua, en la cual no podía haber, por ejemplo, presencia sin ausencia y viceversa.

Ahora ubiquémonos un poco en la década de los 90’s, precisamente 1991 y los años subsecuentes. El año en que la USSR cayó definitivamente y se demostró al mundo entero que el sistema dominante por excelencia era el Capitalismo. Sin embargo no sólo significaba que había un sistema económico-ideológico dominante en el planeta, sino que, por primera vez en todo el siglo XX, no parecía que nada ni nadie se pudiera interponer en el camino de la paz mundial y la hegemonía de las potencias occidentales, principalmente Estados Unidos. Así, los “buenos” habían ganado. Precisamente esto fue lo que vio el Sr. Francis Fukuyama con su “El Fin de la Historia” de 1992, en donde describe su tesis de por qué el mundo se dirige a una era de prosperidad con una sola ideología como base.

Esto en un principio parecía prometedor. Pero, una vez que no existiera la Unión Soviética, ¿quién sería el rival de los Estados Unidos y las naciones europeas? ¿Quién sería el otro? Las respuestas no tardaron demasiado en aparecer, pues todo indicaba que la región de Medio Oriente ocuparía la otra esquina del ring y en un momento que culminó con el ataque al World Trade Center y al Pentágono el 11 de septiembre de 2001, la otredad volvía a aparecer, pero esta vez no usaba una gabardina o un abrigo con una hoz y un martillo tejidos, sino un turbante y una larga barba. Así entonces el terrorismo se había vuelto el enemigo que había que combatir y con eso las tropas volvieron al deseado intervencionismo con el objetivo de “pacificar”, pero más bien, con el de obtener los recursos de la rica zona.

En las últimas semanas el terrorismo ha vuelto a estar en los Headlines de todas las cadenas de noticias, redes sociales e incluso de casuales conversaciones. Los ataques del “viernes 13” en París han provocado que la comunidad internacional comience verdaderamente a ocuparse de un problema que lleva latente desde hace 2 años. En este mismo blog les había compartido ya los orígenes de la temible organización terrorista “DAESH” (Estado Islámico en sus siglas en árabe). Había llegado a la conclusión de que la comunidad internacional había hecho poco o nada por verdaderamente detener su avance en los países de Siria e Iraq. Hoy, más de un año después de que la coalición liderada por Estados Unidos se consolidara y comenzara la ofensiva aérea en la zona, se puede demostrar que la estrategia desde el principio parece ser inefectiva por tres razones principales: La guerra civil siria (¡existente desde hace 4 años!); las milicias kurdas terrestres que van en contra del gobierno de Al-Assad pero son aliadas de la coalición occidental; y el fallo en la estrategia de la coalición que ha empeorado la situación de los refugiados en Turquía y ahora en el resto de Europa.

Parece que ahora sí, tras los recientes ataques terroristas, los países están dispuestos a hacer algo verdadero al respecto. Incluso Rusia, que comenzó a atacar hace un par de meses al Estado Islámico, a pesar de tener su propia coalición, tiene un papel fundamental como socio de Estados Unidos y las naciones europeas, y todo con tal de acabar con el terrorismo. El mismo Obama ha dicho que el papel de Rusia es “fundamental” para terminar con los Yihadistas. Kenneth Waltz escribía en su libro “Man, State and War”, haciendo un análisis sobre los Estados, lo que él llama “Segunda Imagen”, una cita de Bodin mencionando que: “La mejor manera de preservar un Estado y garantizarlo en contra de sedición, rebelión y guerra civil es mantener a los sujetos unidos con los otros, y para lograr esto encontrar un enemigo contra el cual se pueda luchar por una causa común”.  Así, parece ser que a pesar del euroescepticismo de Cameron en UK, las ideas expansionistas de Putin en Rusia, la débil política exterior de Obama con respecto a Medio Oriente y el aparente aislacionismo de Hollande en Francia y su sumisión ante Merkel, en estos momentos  en la Cumbre del Clima en París, todos discuten juntos una manera de acabar de una vez por todas con el Estado Islámico. Y es por eso que son tan cómicas las cadenas que fluyen en las redes sociales en donde se anuncia el inminente comienzo de la “Tercera Guerra Mundial”. Lo que la gente no parecer notar es que esto coadyuva a que las naciones del mundo se unan por una “causa común”. Por eso sí no hay duda de que ISIS es una amenaza que afecta a todos y debe ser detenida. Pero, una vez que acaben con ellos, y sin duda lo harán, y se resuelva el problema sirio, ¿regresarán las fricciones bilaterales o multilaterales? ¿Quién será el otro? ¿Regresará a ser el pragmático Rusia de Putin? ¿Se centrará la atención en África con Boko Haram? ¿O en Yemen?

¿Será entonces mejor tener un enemigo en común? Sí, pero sólo que este enemigo sea el cambio climático, la crisis humanitaria de refugiados, las pandemias y el hambre, la pobreza o la desigualdad de género, entre muchas otras cosas que afectan a la vida humana y que se tienen que resolver a cómo de lugar.

¿Tú qué opinas? ¿Las naciones de Occidente necesitan a un enemigo en común para unirse e identificarse como los “buenos”?

 

 

¿Qué hay detrás de la candidatura de Donald Trump y el gran apoyo que ha recibido por parte de los ciudadanos estadounidenses?

Hace un par de meses, cuando leí en CNN que Donald Trump se postularía a la presidencia lo primero que pensé fue: “Esto es una muestra más de la hegemonía capitalista. El burgués no es sólo un cómplice más del Estado, sino, el burgués es ahora el Estado. El rico no sólo controla los medios de producción, sino también estará al mando de programas sociales y aumentará su impacto en la política exterior”. Todo esto fue lo que inmediatamente se me vino a la cabeza cuando leí el primer párrafo de la noticia. Empero, ésta no acababa ahí. Lo que decía después parecía una verdadera tragicomedia escrita por Clint Eastwood (máximo republicano, por cierto). Ustedes seguramente ya sabrán que me refiero a sus declaraciones con respecto a los “mexicanos”, y lo escribo entre comillas porque a lo que él se refería era a los latinos. Pero otra vez mi mente comenzó procesar la nota y me llevó a pensar: “Con esas declaraciones, Trump nunca llegará. ¿Para qué preocuparse?”.

Pasaron los días, y sus declaraciones fueron siendo cada vez más y más polémicas. En esos momentos, yo estaba seguro, y en serio creía tener la respuesta, de que todo se trataba de un conspiracionista plan de los republicanos para desviar la atención del público a un Trump ladrando a los medios cosas sin sentido mientras los “verdaderos” candidatos republicanos, Jeb Bush, Scott Walker, Rand Paul o incluso Marco Rubio, quedaban bien “condenando” los discursos del multimillonario. Y no sería una mala estrategia, pienso yo, pero cuando observé la gráfica de la “Republican Race Poll” y vi a Trump en primer lugar con un aplastante 26%, doblando a Walker y a Bush, me quedé verdaderamente impresionado, y me dije: “¿Es en serio? ¿En verdad es lo que los republicanos quieren? Digo, está bien, son republicanos, hay que comprender su pequeña mente, pero, ¿en serio? ¿Trump?”

Lo anterior me afectó profundamente. Me decepcioné y me di cuenta de que “la sociedad perfecta estadounidense” estaba lejos de ser lo que su “American Dream” vende o lo que su industria cinematográfica produce. Sin duda, es un tema para la reflexión. Pero, ¿qué nos quiere dar a entender este mensaje? Según la democracia (aplicada en la “primera democracia del mundo”), sin duda, que Donald Trump representa a la perfección a un sector importante de la población norteamericana.

¿Qué quiere decir esto? Supongamos que alguien es amante del chocolate en una ciudad en la cual está muy mal visto comer chocolate. Esta persona comerá en secreto y sólo le dirá a aquellas que también son amantes del chocolate. Si a ésta le importa lo que digan de ella, lo dirá con discresión y compartirá con aquellos que sean como ella. Si no le importa, simplemente lo hará en público, aunque sea criticada. Un buen día un poderoso magnate, amante del chocolate, comienza a declarar públicamente lo que otros no se atreven, y no sólo eso, sino que se postula como alcalde de aquella ciudad. Sin duda, los amantes del chocolate, aunque no lo expresen públicamente, darán su voto a éste candidato que los entiende y con el que se sienten identificados. Bueno, el “chocolate” en el sector mayoritariamente conservador norteamericano es el racismo, el nacionalismo infundamentado, la ignorancia, misoginia, la intolerancia y el poco sentido común. Elementos que, tal vez hace unos sesenta años, eran parte de la sociedad en general que poco a poco ha ido comprendiendo lo que verdaderamente significa ser estadounidense y ha asumido el compromiso social que a esto corresponde. Ha votado por un presidente negro, ha aceptado a los homosexuales y se abre a la posiblidad de una política exterior menos agresiva e incluso de votar por una mujer para presidente. Pero hay un grupo conservador rezagado y retrógrada que pone en peligro esa evolución. A este grupo es al que representa Trump.

Desafortunadamente, para alguien que admira la astucia e intelgencia de los norteamericanos a través de la historia, como yo, esto significa una gran decepción. Además de sentirme personalmente insultado por los comentarios de Trump, como cualquier mexicano, me impresiona aún más que la gente esté con él y que incluso estén dispuestos a agredir a latinos “manipulados” por sus declaraciones, como sucedió hace un par de semanas en Boston. Si bien los efectos ya son lo suficientemente negativos, y ni siquiera es candidato oficial del Partido Republicano, ni siquiera quiero imaginar los efectos que tendrá, primero en política migratoria, en la economía, asuntos internos y política exterior. ¡NO A TRUMP! ¡No al racismo, intolerancia, misoginia, xenofobia e ignorancia! Soy consciente del problema que representa la inmigración en los Estados Unidos, pero un muro NO ES LA SOLUCIÓN. Se debe trabajar conjuntamente con el gobierno mexicano para alcanzar resultados importantes. Debemos diseñar una política migratoria común que erradique los efectos negativos de la migración. Trump no es la solución.

Aún quedan unos meses antes de las elecciones. Confío en que la gente preparada y conciente en los Estados Unidos son más, pero si Trump llega a ganar las elecciones internas será un duro golpe al progreso. Basta con analizar el lema del candidato: “Make America great AGAIN”. Es un insulto a los avances conseguidos en los últimos años. Y si Donald gana las elecciones generales prepárense, pues no sabemos qué más podría hacer un azno al volante del país más importante del mundo.

Todos somos prisioneros

En el siglo XVIII, el filósofo político y económico Jeremy Bentham dio a conocer al mundo su Panóptico. Se trataba de una innovadora estructura en forma circular compuesta en su alrededor por celdas y en el centro por una torre que permitía al vigilante tener absoluta visibilidad de los prisioneros, efecto no recíproco desde la perspectiva de las celdas, mismas que solamente podían ver la obscuridad de la torre, pero no distinguir actividad alguna dentro de ella. El objetivo del Panóptico era precisamente detener el impulso de los reos por intentar escapar o hacer otra cosa que se considerara amenazante para la autoridad, en una forma de acondicionamiento con poco esfuerzo,  cuya fuente era el desconocimiento del prisionero de lo que acontecía dentro de la torre. Si acaso estaba siendo observado no se atrevería a cometer ningún tipo de acción que le pudiera costar caro, así más valía portarse bien y permanecer parsimonio y sumiso.

El efecto que el Panóptico tenía en el prisionero es similar a lo que vive la sociedad hoy en día en prácticamente todos los países del mundo. Esta vez me enfocaré en el caso Snowden y los efectos de sus revelaciones. Un movimiento que él cree es necesario para generar consciencia de lo que los gobiernos realizan, muchas veces, inconstitucionalmente. Glenn Greenwald describió perfectamente todos los documentos filtrados por Snowden en su libro “Sin lugar donde esconderse: Edward Snowden, la NSA y la vigilancia en Estados Unidos”,  y a pesar de que han pasado ya dos años desde que The Guardian publicó el primer artículo que daba comienzo a la pérdida de credibilidad y confianza al gobierno norteamericano, las polémicas siguen saliendo gracias a ese punto de partida  y ahora proveniente también de otras fuentes ligadas a Snowden o a Assange (creador de Wikileaks).

Sinceramente, al leer a Greenwald me pareció sorprendente y me quedé sin palabras al conocer a fondo la magnitud de las fechorías cometidas por la NSA. PRISM, TARMAC, BLARNEY, FAIRVIEW, intercepción de llamadas telefónicas en todo el mundo, recopilación de conversaciones, videollamadas, chats, e-mails, de las principales plataformas como Microsoft, Facebook, Yahoo!, espionaje económico y diplomático, instalación de malwares para interceptar toda la información de una computadora, millones y millones de datos, todo esto bajo el pretexto de “maximizar la prevención del terrorismo”, cuestión “básica” de seguridad nacional. Sin duda se trata de algo verdaderamente bárbaro, que sólo puede ser explicado como un efecto del extremo dilema de seguridad del gobierno estadounidense a raíz del 9/11. A partir de ahí, el jefe de Estado del país más poderoso del mundo tomó la decisión de vigilar, vigilar y vigilar, sin importar los límites de la ley o, en el caso de países, sin importar si se trataban de históricos aliados.

Sin duda la Globalización nos ha hecho un mundo intercomunicado. A través de la tecnología podemos hablar con alguien que se encuentra a miles de kilómetros, realizar una trasacción bancaria desde la comodidad de nuestras casas o conocer cualquier tipo de información con un sólo click. Suena increíble, pero Internet y los avances tecnológicos no vienen gratis y sin consecuencias. Ahora se utilizan estos recursos no sólo para beneficio antropológico, sino también para otros fines con agendas más perversas. DAESH, por ejemplo, jamás hubiera crecido así sino hubiera sido por la propaganda hecha a través de las redes sociales y otros medios de comunicación masiva. Asimismo, los gobiernos ocupan los nuevos avances para reforzar sus métodos de vigilancia, instalan más cámaras, intervienen las computadoras de los usuarios civiles, y todo lo mencionado en el párrafo anterior. ¿Pero qué tipo de sociedad se quiere crear con este tipo de medidas? ¿Qué provoca esta extrema vigilancia?

El hombre, que alguna vez fue libre, no es ahora más que un prisionero del enorme panóptico de los gobiernos y las empresas multinacionales. Una sociedad basada en el miedo, sumisa, moldeada. ¿Dónde quedó la privacidad?, pero sobre todo, ¿dónde quedó la libertad de decisión de un ser humano? Y no me refiero por supuesto a inmiscuirse en el terrorismo o en otras actividade ilícitas, sino a la idea de pensar diferente, de romper esquemas y desafiar al sistema con ideas innovadoras, Ideas como las de Nietzsche, Kant o Descartes, que cambiaron la forma de ver al mundo para siempre. ¿Qué hubiera pasado si Marx hubiera vivido en la época actual? Con los sistemas de vigilancia, como los de la NSA, por ejemplo, al saber que en sus obras se hablaba de una revolución, ¿hubiera podido seguir adelante o hubiera llamado la atención del gobierno y éste hubiera buscado la manera de acabar con él?

El punto aquí es ser CONSCIENTE de lo que estamos viviendo, pero no caer en el mismo juego de la paranoia. Yo, al igual que Snowden, creo que es importante defender la libertad, pues lo peor es creer que somos libres cuando en realidad no lo somos en muchos aspectos. ¿Nos arriesgaremos a intentar escapar del panóptico si fuimos encerrados ahí injustamente?  panoptico-panoptismo

Obama’s latest big mistake?

Up to 450 more American military “advisers” will be sent to Iraq to train local forces in order to fight the Islamic State. This was announced by the White House almost as a satiric celebration to mark the anniversary of taken Syrian city of Mosul by DAESH. But what’s behind this decision made by president Obama? Why is it a big mistake?

Despite the leader’s charisma and sense of tranquility, even Obama’s fans have to recognize his weak foreign policy regarding to the Middle East and what was about to become the biggest threat to international security in the area: The Islamic State. Yes, it is no secret (and I don’t want to point fingers in these one) that the US’s invasion to Iraq to fight terrorism and the undemocratic regimes was the main reason why ISIS was formed in the first place. And it was, of course, the Iraqi rebels trained by the US “advisers” who eventually changed their mind and decided to turn towards the defense of Islam and its expansion in the whole world. So at the end, the situation turned out to be quite worse for the Americans, for when the main objective was fulfilled, the Iraqi allies, who now had a developed sense of knowledge and skills thanks to the training by US soldiers, started to pursue their own interests and turned against them. But I won’t get into too many information about the rising of ISIS. That has already been written in a previous post of this very blog.

Important news agencies report that Obama’s decision was motivated by a desperate call from Iraq’s current Prime Minister Haider al-Abadi. Now is not that I don’t believe Obama was trying to be helpful to his Iraqi counterpart, but the truth is he’s also reassuring his country’s own security and, why not?, supremacy and influence in the Middle East region. But the question is… Is he? Has Obama’s strategy been effective to fight and eventually defeat the Islamic State? The answer is no. The strategy hasn’t been effective enough, and even though ISIS is a very powerful terrorist organization, it has taken more than a lot of time to finish them. A year ago, for example, when strategic city of Mosul was taken, I thought (and I can say I was not the only one) that it was just a matter of time, days or a couple months, before the powerful United States and its allies could retake it, but that didn’t happen, it hasn’t happened, and it probably won’t by this time next year. So here are two possible answers: Either ISIS is more powerful than the US or the US has failed to respond as the “World’s Police”, and of course we all know which of them is true.

Yes, we know Obama had to face a complicated economic crisis in the first years of his presidency, which would lead to the answer regarding to the ISIS formation matter, but what it’s going on now? Why is the US-led Coalition not working as it should be? Why does it have to appeal to train Sunni fighters to stabilize the situation? And following history’s logic, couldn’t the trained-by-American-soldiers Sunni fighters and Syrian rebels turn against the USA? That would mean that the decision of sending more troops to Iraq to train the Sunni fighters and Syrian rebels is a mistake in the long-term, would it? But, are they really so desperate? Are they willing to take that risk? Apparently yes.

Obama is a democrat, and in his campaign he promised to withdraw troops from Iraq. He seems to stand behind the idea of no-intervention, technically speaking at least. But I want to ask this to the person reading this article: Which one would be more effective? A pragmatic president who accepted ground intervention of troops as the way to defeat ISIS once and for all? Or someone who doesn’t accept that and leads it by the “train the rebels”, air strikes strategy? And above all, which one would make us feel safer as citizens of the world?

España mira hacia otra dirección

El día 24 de mayo se llevaron a cabo las elecciones municipales y autonómicas en algunos rincones de España. Sin embargo, para la sorpresa del presidente de gobierno, Mariano Rajoy, así como para el resto de Europa, los resultados no fueron los esperados. Y es que después de que el conservador Partido Popular (PP) , consolidado en el gobierno desde 2011, y el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) perdieran  credibilidad en un número importante de población debido a los escándalos de corrupción y aparente mal manejo de la crisis española,  se dio pauta a que los partidos de euroescepticismo, izquierda moderada y extrema izquierda comenzaran a causar impacto en la gente, presentándose como una alternativa diferente al legendario partido de Rajoy.

Estas elecciones además le podrían arrebatar al PP la alcaldía de nada más y nada menos que la mismísima capital, Madrid, así como de las importantes metrópolis de Barcelona, Valencia y Valladolid. A pesar de que, tanto el PP como el PSOE se siguen presentando como las fuerzas políticas más votadas de España, hubo una importante disminución en los sufragios para ambos, siendo de diez puntos en el caso del Partido Popular y dos para PSOE. Esto envía un mensaje contundente a la sociedad española: Hay quien vota por el partido de siempre, pero también hay un vasto número de personas que no considera que el camino seguido hasta ahora no es el correcto y que es tiempo de cambiar el rumbo y mirar hacia otra dirección.

La jornada electoral tuvo también gran significancia para el naciente Podemos, mismo al cual, considero, hay que prestarle una atención considerable. Fundado en 2014 por una serie de catedráticos, filósofos, politólogos, etc., principalmente de la Complutense de Madrid, como Pablo Iglesias, Juan Carlos Monedero e Íñigo Errejón, comenzó a propagar un discurso alternativo pero fresco el cual, alimentado por la juventud y energía de sus miembros, cautivó a buena parte de la población española. En poco más de un año, Podemos ha logrado consagrarse como la nueva fuerza política en España, proponiendo acabar con la corrupción en el gobierno y con las políticas de austeridad que, según este partido, no han servido para solucionar los problemas que amenazan al país español.

El gran apoyo hacia Podemos se manifestó el 31 de enero del presente en un masivo rally llevado a cabo en Madrid al que asistieron miles de personas de todas partes de España para expresar su simpatía al movimiento. De acuerdo con Eleconomista.es y basado en el Documento Económico del partido, algunas de las propuestas más fuertes para enfrentar la crisis que se vive actualmente incluyen: Aumentar el poder de la banca pública, garantizar el crédito como un derecho, reducir la jornada laboral a las 35 horas semanales, aumentar el gasto público, los salarios y las pensiones, fortalecer los sindicatos. Además, sugiere llevar a cabo una reestructuración de la deuda y una reforma fiscal que persiga la redistribución de la riqueza, y garantizar una ayuda desde el Estado a aquellas personas que en contra de su voluntad no pueden acceder a otros ingresos o subsidios (la polémica renta básica). También proponen una reforma radical de la administración y la función pública para hacer más eficiente el Estado”.

Curiosamente muchos españoles están también a la expectativa de lo que el partido griego Syriza, que ha sido comparado con Podemos por diversos medios y analistas, y su líder Alexander Tsipras puedan lograr en relación al tema Unión Europea. En ello basarán su decisión sobre dar su respaldo o no al radical partido. Sin embargo, lo cierto es que las situaciones de ambos países y las soluciones a sus problemas son muy diferentes y probablemente lo que funcione para uno no lo hará para el otro.

Sí, España está cansada de esperar. El tiempo sigue pasando, y aún cuando logró cerrar 2014 con un 0,7% de crecimiento, el más significativo en siete años, el desempleo, la corrupción y el empobrecimiento de la población siguen rondando y amenazando la prosperidad de ese país. Podemos ofrece muchas cosas, pero la más importante es la esperanza de hacer una mejor política en España y no dejar que las situaciones externas o la perversión de los dirigentes determinen el rumbo de un pueblo español que desea con ansias estabilidad para poder desarrollarse y tener una buena calidad de vida en la tierra que los vio nacer sin verse en la necesidad de abandonarla para emigrar a otra nación europea. ¡Y vaya que lo merecen después de una terrible dictadura y ataques terroristas! Pero hay que permanecer parciales en este asunto de Podemos, pues, a pesar de su juventud, el partido ya ha sido fuente de polémicas notas como aquellas que sacaban a la luz el supuesto vínculo de Pablo Iglesias con ETA y Venezuela. También es fundamental mencionar la polémica salida de uno de los cofundadores ya mencionados, Juan Carlos Monedero,  bajo el argumento de que el partido se había desviado de su principal objetivo para adoptar la moderación, algo impermisible desde su consideración.

En fin, en este año los ojos del mundo, y  especialmente de Europa, están atentos a lo que pueda pasar en España a vísperas de las elecciones generales. Independientemente de las diferentes orientaciones políticas, se nota un pueblo maduro que lucha por salir del profundo pozo de crisis en el cual se encuentra desde 2008 y no teme el comenzar a buscar otras alternativas que lo ayuden a cumplir este objetivo.

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Fuentes:
-BBC World News
-El País
-El Economista

Israel y Estados Unidos: ¿Problemas en el paraíso?

Las recientes tensiones entre Estados Unidos e Israel no se han mantenido en secreto en estos últimos meses. El apoyo por parte del presidente Barack Obama a las negociaciones con Irán sobre su programa nuclear, así como con Palestina en relación a la creación de un Estado Palestino, han sido desaprobadas para Benajmin Netanyahu, el Primer Ministro israelí. Esto es algo que muy pocas veces se ha dado en la historia de unas relaciones diplomáticas caracterizadas por la cordialidad, solidaridad y una sólida y polémica alianza a través de los años. Ahora, con la reelección de Netanyahu, el panorama se ve aún peor y no parece que vaya a haber una reconciliación con Obama. ¿Podría significarse entonces el final de esta relación histórica?

Los tiempos cambian… ¡Y vaya que sí! Hoy en día, vemos cómo los Estados Unidos reestablecen relaciones diplomáticas con Cuba (algo inimaginable en el siglo pasado), cómo la derrotada Unión Soviética de 1991 se ha levantado como Rusia y presigue sus ambiciones imperialistas en Crimea y el Este de Ucrania, o cómo China se acomoda, poco a poco, como el nuevo hegemón en el Sistema Internacional. Y bajo este parámetro, hay que decir también que incluso una alianza tan vital para entender a la post-Segunda Guerra Mundial, puede estar, actualmente, al borde de romperse.

El Estado de Israel debe su creación a las Naciones Unidas, las cuales en 1948 le asignaron un territorio y firmaron una serie de acuerdos que autorizaban las migraciones de judíos en este nuevo espacio creado dentro de Palestina. Éste no tardó en consolidarse después de una serie de conflictos y guerras, como la del Canal de Suez en 56, de los Seis Días en el 67 y la del Yom Kippur en el 73, entre otras, todas en contra de los musulmanes. Algo clave para entender a Israel es el hecho de que siempre (o casi siempre) ha sido la representación de los intereses norteamericanos en el Medio Oriente, siendo así un aliado estratégico y vital para los Estados Unidos. Si una resolución del Consejo de Seguridad “amenazaba” en cualquier sentido a su “ahijado político” Israel, EU la vetaba, y si había algúna resolución en la Asamblea General que hiciera lo mismo a los norteamericanos, Israel votaba en contra. Así, estos dos llegaron a ser un dolor de cabeza en muchas ocasiones. Siempre apoyándose, siempre juntos.

Ahora, bajo la segunda administración del presidente Obama, las cosas son diferentes. Éste líder demócrata se ha atrevido a tomar decisiones que dan un giro a la línea seguida por sus predecesores, como su iniciativa de la reforma migratoria, el reestablecimiento de las relaciones con Cuba, como se mencionó anteriormente, y ahora quiere ser el que impulse firmemente lo que él considera la acción ideal respecto al conflicto Israel-Palestina, es decir, “la solución de los dos Estados”. Además de esto, las discusiones con Irán sobre su programa nuclear, un tema que sido ampliamente discutido desde hace más de diez años, parecen estar muy cerca de encontrar un punto de encuentro y así llegar, finalmente, a una solución. Parecería que Obama pasaría a la historia por resolver algunos de los problemas tan arcaicos como la humanidad misma, pero, ¿qué tiene que decir Israel al respecto?

El recién reelecto Benjamín Netanyahu ha mencionado que mientras él sea Primer Ministro no habrá un Estado Palestino. También ha urgido a la Comunidad Internacional a no negociar con Irán, pues, en sus palabras, es “una amenaza para Israel y para el mundo”. Llegó al grado de aceptar una polémica invitación por parte de John Boehner (líder republicano), misma que se realizó sin autorización de la Casa Blanca, para hablar ante el Congreso y exponer las razones por las cuales disentía con su contraparte estadounidense. Posteriormente, 47 senadores republicanos enviaron incluso una carta al líder supremo iraní, Ali Jamene, en la cual lo declaraban como su “enemigo mortal” y expresaban su desconfianza hacia Obama para lograr dicho acuerdo nuclear. Además de que esto fue muy mal visto por la Comunidad Internacional, significó un duro golpe para la administración del actual presidente, la cual se encuentra en un estado delicado debido a las mayorías republicanas en ambas cámaras, lo cual parece indicar que los votos en 2016 no serán muy favorables para el partido demócrata.

Esta no es la primera vez que ambas relaciones han estado en fricción, sin embargo el determinismo mostrado, sobre todo por Netanyahu, pronostican que al menos el tiempo que le quede a Obama como presidente, si bien no habrá una ruptura, ya no podremos hablar de una estrecha relación Estados Unidos-Israel. Parece que ambos líderes no se toleran, y así negociar será cada vez más complicado.

Análisis

La crítica es precisamente el pragmatismo y determinismo de Benjamin Netanyahu. Desde mi punto de vista, está lejos de ser un líder con una mentalidad abierta al diálogo. Si éste no mantuviera una postura tan rígida, que incluso a veces carece de fundamentos y que es ampliamente criticada, podríamos decir que en los próximos años seríamos testigos de la tan merecida creación de un Estado Palestino. Esto no sólo resolvería muchos problemas, sino que además sería lo legítimo y lo correcto para un pueblo que ha sido desplazado y marginado injustamente.

Lo peor del caso es que, después de las elecciones en que resultó victorioso Netanyahu y sus claras intenciones de no considerar la posibilidad de la creación del Estado musulmán, las autoridades palestinas ya han declarado que, en cuanto Palestina entre a la International Criminal Court (Corte Penal Internacional) de la ONU, a partir del día primero de abril, presentará ante la misma cargos de crímenes de guerra en contra del Estado de Israel por los fatales ataques en la Franja de Gaza en verano del año pasado. En otras palabras, todo vuelve a la normalidad, la gente seguirá sufriendo por los enfrentamientos entre los judíos y los musulmanes.

Es comprensible que Israel tiene sus propios intereses y no se espera que su PM ceda fácilmente, sin embargo ahora ya no se trata sólo de presión por parte de Estados árabes, como Egipto, Arabia Saudita, etc., sino también de países de occidente, principalmente el mayor aliado de Israel, Estados Unidos, que están intentando ser mediadores para solucionar este conflicto a través de la creación del Estado de Palestina. Es lo más justo, y aunque no terminaría con todos los conflictos y enfrentamientos antisemitistas y antimusulmanes, sería al menos algo diferente que se puede hacer para que progresivamente haya aceptación entre estos dos grupos con diferentes creencias religiosas y filosofías de vida.

La única manera de transformar la realidad es rompiendo los paradigmas y buscando nuevos métodNetanyahu obama israelos que sustituyan a los viejos que no han funcionado. Innovar y fundamentar, a través del diálogo, para seguir nuevos caminos que desemboquen en la cooperación y, sobre todo, la paz.

Fuentes: Washington Post, El Universal, CNN, Iran Primer.

Escándalos en gobiernos de izquierda en Latinoamérica: ¿Conspiraciones o Ineptitud?

La “amenaza extraordinaria e inusual” de Venezuela, el Caso Nisman y el Escándalo Petrobras: ¿La nueva Operación Cóndor?

Nuestras Máscaras

En el siglo XXI América Latina ha dejado de ser considerada como una región únicamente problemática y de números rojos en cuestiones económicas. La llegada al poder de presidentes de izquierda, radical o moderada, y sus proyectos de cooperación política y comercial con otros países de Sudamérica y el mundo, han llamado la atención de la Comunidad Internacional, la cual ve en las economías emergentes latinoamericanas un contrapeso al líder por excelencia del continente, los Estados Unidos. Pareciera que los fantasmas de la temible Operación Cóndor han quedado en el pasado y a las naciones latinoamericanas les ha llegado por fin el momento de tomar las riendas de su destino a través de la democracia y esperanza de nuevas alternativas que sean capaces de enfrentarse a los actores nacionales y supranacionales, jugando con las reglas del sistema, sin descuidar demasiado las ideologías de sus libertadores. Al menos así parece serlo……

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Escándalos en gobiernos de izquierda en Latinoamérica: ¿Conspiraciones o Ineptitud?

En el siglo XXI América Latina ha dejado de ser considerada como una región únicamente problemática y de números rojos en cuestiones económicas. La llegada al poder de presidentes de izquierda, radical o moderada, y sus proyectos de cooperación política y comercial con otros países de Sudamérica y el mundo, han llamado la atención de la Comunidad Internacional, la cual ve en las economías emergentes latinoamericanas un contrapeso al líder por excelencia del continente, los Estados Unidos. Pareciera que los fantasmas de la temible Operación Cóndor han quedado en el pasado y a las naciones latinoamericanas les ha llegado por fin el momento de tomar las riendas de su destino a través de la democracia y esperanza de nuevas alternativas que sean capaces de enfrentarse a los actores nacionales y supranacionales, jugando con las reglas del sistema, sin descuidar demasiado las ideologías de sus libertadores. Al menos así parece serlo… ¿O no? Hay quienes dudan que los Estados Unidos estén resignados a observar cómo el petróleo de los venezolanos se exporta a China o India y cómo Brazil, como parte de los BRICS, mantiene cercanas relaciones con su “enemigo por excelencia”, Rusia (algo impensable en tiempos del Conflicto Bipolar). Pero, ¿qué hacen los norteamericanos al respecto? Ciertamente un Golpe de Estado parece algo ortodoxo e impráctico hoy en día, entonces, ¿cuáles serían las mejores formas de acabar con regímenes de izquierda en Latinoamérica?

Una estrategia norteamericana que pareció muy clara para derrocar al ex-presidente de Venezuela, Hugo Chávez (R.I.P.),  desde que subió al poder en 1999, fue promover una mala imagen del mismo, llamándolo dictador y autoritario lastre de la democracia, tirano miembro del “Eje del Mal”. Chávez estaba seguro de que el Golpe de Estado que su gobierno había sufrido en 2002 había sido parte de una conspiración encabezada por los Estados Unidos. Los medios de comunicación, lidereados por las cadenas yankees de noticias, se encargaron de difundir las “atrocidades” que el régimen chavista había causado en el país, convenciendo a buena parte del planeta de que no había peor villano que el presidente venezolano y que lo mejor era que éste abandonara el poder para nunca regresar. A pesar del acercamiento que hubo en años recientes por iniciativa del presidente Barack Obama, muchos fieles seguidores de Chávez aseguran que su muerte no fue accidental y que los Estados Unidos ejecutaron un nuevo tipo de Mongoose Operation que terminó por llevarse la vida del comandante.

Ahora, bajo la administración de Nicolás Maduro, la rígida política antiyankee venezolana ha regresado y parece que la historia se repite. Precisamente ayer, el presidente Obama calificó públicamente a Venezuela como una “amenaza extraordinaria e inusual”. Gran parte de la Comunidad Internacional, que ya había aceptado en cierta forma al comandante, vuelve a una postura de intolerancia hacia la Venezuela de Maduro. El país vive una crisis económica, por la caída de los precios del petróleo, y una crisis “política y social”. Diario se difunden las manifestaciones y represiones que suceden ahí y la desaprovación general aumenta cada vez. Para el actual presidente venezolano todo es obra de los Estados Unidos, en alianza con los políticos de derecha que no harán más que traicionar a su patria y dejarla a merced de los norteamericanos y las empresas transnacionales. ¿Será entonces que Venezuela es víctima de la incapacidad de sus gobernantes? O, efectivamente, ¿habrá un tercero involucrado, como Maduro asevera, que intenta derrocar su gobierno?

Además del caso Venezuela, recientemente han sonado en las noticias dos casos particulares que han puesto los ojos de la Comunidad Internacional en Latinoamérica: El “suicidio” de Nisman en Argentina y el escándalo de PETROBRAS en Brazil.

El fiscal argentino Alberto Nisman fue encontrado muerto el 18 de enero, con un balazo en la cabeza que, aparentemente, daba indicios de que se había tratado de un suicidio. Sin embargo, rápidamente comenzaron las especulaciones sobre las verdaderas causas de su muerte, mismas que desembocaron en declaraciones hechas por la presidenta de la República Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, en las cuales ella personalmente “estaba convencida” de que no se había tratado de un suicidio. El fiscal estaba investigando el presunto encubrimiento, por parte del cuerpo gubernamental (incluida Fernández), de los sospechosos iraníes del atentado AMIA, contra una institución judía de Buenos Aires que dejó 85 muertos en 1994. La investigación sobre la muerte de Nisman comenzó y con ello, una serie de “irregularidades” y “polémicas” en torno a la figura de la presidencia. Aún peor, con el descubrimiento del borrador de una demanda en la cual se pedía la detención de Cristina en el bote de basura del fallecido fiscal, el escándalo escaló, hasta que muchos opositores políticos de Fernández de Kirchner expresaron públicamente su indignación y las demandas de que ésta dejara la presidencia. Los medios de comunicación también dedicaron gran espacio a la controversia, y muchos aún no dudan que lo que se teoriza en contra de la presidenta sea verdad. Esto seguido del complicado estado económico de “Default” en el que entró Argentina a mediados del 2014. Por otro lado, periodistas y políticos aseguran que todo se trata de una conspiración dirigida por la derecha e incluso apoyada por la CIA misma, en la cual, planean satanizar la figura de los Kirchner para buscar recuperar el poder en la república. De cualquier manera, el escenario no pinta muy favorable para Cristina, probablemente se haya logrado el cometido de dicha “conspiración”. Entonces, ¿será cierto que las políticas de izquierda y el acercamiento con otros líderes latinoamericanos de la misma ideología fueron la sentencia dictada por los Estados Unidos para la presidenta argentina? O verdaderamente, ¿habrá algo turbio en el caso Nisman y Fernández deberá pagar las consecuencias?

En vísperas de las campañas electorales del año pasado en el Brazil, apareció en los titulares de los diarios mundiales, un escándalo que casi le costaría a Dilma Rousseff la reeleción a la presidencia del mismo país: Los desvíos de fondos y sobornos en Petrobras. “Sólo existen dos alternativas: o usted fue connivente (con los desvíos denunciados) o fue incompetente para cuidar de la mayor empresa pública brasileña” expresaba Aécio Neves, opositor de Rousseff a finales de 2014.  Paulo Roberto Costa, quien fue director de Petrobras, cooperaba con la justicia y declaraba que los sobornos equivalían al 3% del líquido de los contratos millonarios celebrados por la empresa con otras constructoras y grandes empresas. Este dinero fluía al tesorero del Partido de los Trabajadores (de donde provenían el expresidente Lula Da Silva y Rousseff) y a otros partidos como el Partido de Movimiento Democrático Brasileño y al Partido Progresista. A pesar de esto, Rousseff salió victoriosa en las elecciones, sin embargo ahora enfrenta una crisis social y política debido a la reciente declaración de que ésta no sería investigada por el asunto. Manifestaciones, repudios e incluso una marcha que se llevará a cabo el 15 de marzo, muestran que hay una fuerte oposición al régimen, pero, según los colaboradores y co-partidistas de la presidenta, ¿quién está detrás de todo eso?  Según el vicepresidente del PT Alberto Cantalice, se trata de “una orquestación con sesgo golpista que parte principalmente de los sectores de la burguesía y de la clase media alta”, mientras el reconocido profesor de ciencias políticas, Venício Lima, resalta la presión de los medios con respecto al asunto y los critica por no ser imparciales y sólo denunciar a los políticos del PT que estuvieron involucrados. Brazil, como se estipuló anteriormente, es miembro de los BRICS y esto hace que el imaginar a un presidente de derecha que renueve lazos políticos estrechos con los Estados Unidos sea difícil, empero, no es imposible. Los próximos cuatro años serán difíciles para Dilma y el PT. Tendrán que demostrar a su gente que pueden sacar a Brazil de sus diferentes crisis, incluyendo la económica, para continuar en el poder. Sino, quién sabe si los ciudadanos brasileños vuelvan a dar un voto de confianza a la izquierda.

John F. Kennedy, Eisenhower, Nixon o Johnson jamás se hubieran imaginado que la izquierda dominara en su mayoría a los países del sur de América. Hoy, podemos decir que hay un nuevo despertar y comprensión, como se decía al principo de este escrito, de cómo se puede un país integrar a la Comunidad Internacional, tanto política, como económicamente, sin olvidar a su gente, como muchos dictadores de extrema derecha lo hicieron anteriormente. El pueblo latinoamericano ha sido víctima del imperialismo, tanto europeo como norteamericano. Le han robado sus recursos y explotado hasta la muerte a su gente, ha tenido que soportar tiranos impuestos por extranjeros y represiones causadas por los mismos. Sin embargo, se ha levantado y ha renacido. Ha tomado el riesgo de dar a ideologías alternativas la oportunidad de gobernar y, en muchas ocasiones los resultados han sido óptimos. MERCOSUR, UNASUR, CELAC y ALBA-TCP son la muestra de que, como latinoamericanos, tenemos que estar unidos, pues compartirmos historia y cultura similares entre nosotros.

Esta reflexión invita al lector a ser crítico sobre las notas informativas que se leen en el día a día en las fuentes noticiosas más importantes del mundo. No se trata de incriminar a los regímenes (Eje del Mal), ni de culpar a los Estados Unidos (conspiraciones), sino simplemente de darse a la tarea de considerar todos los escenarios posibles y entender que, dentro de este juego al que llamamos “Política Internacional”, no hay héroes ni villanos, sino un grupo de personas o una nación, con diferentes ideologías, que buscan satisfacer sus propios intereses. Sólo esperamos que dentro de estos intereses se encuentren también los de la gente, el pueblo, los trabajadores, los estudiantes, los maestros, los obreros, campesinos, amas de casa y padres de familia. Sólo esperamos que esto no se haya olvidado y que verdaderamente se gobierne, como había dicho el líder revolucionario, José Gervasio Artigas, sólo aspirando “al bien de mi Patria en la justa causa que sigo”.

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Murillo Karam: De “Máximo Procurador” a “Máximo Agrarista”. ¿Se desmorona el gabinete de Peña?

El nombramiento hecho por el presidente Peña Nieto sobre el nuevo Secretario de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano, José Murillo Karam, el ex-Procurador General de la República,  es un claro grito desesperado por salir del abismo en que las críticas a sus medidas de seguridad, especialmente aquellas empleadas en la “investigación” realizada por el caso Ayotzinapa, y la inminente desaprobación del pueblo, lo tienen metido.

Como una noticia que bien pudo haber sido leída en algún periódico satírico de política, el nombramiento hecho el día 28 de febrero a Murillo Karam fue verdaderamente algo cómico. Y esto por supuesto seguido del rídiculo título otorgado a Virgilio Andrade Martínez como secretario de la Función Pública, sección del gobierno destinada a investigar los polémicos casos de la Casa de Las Lomas de Angélica Rivera (la primera dama) y las de Malinalco e Ixtapan de la Sal de Luis Videgaray (Secretario de Hacienda y Crédito Público)… Sí, el presidente “crea” esta Secretaría para “investigar” a su esposa y a su cómplice más cercano…¡Cómo no! Pero bueno, dejando atrás esta ridiculez, muy bien llamada “política mexicana”, vayamos ahora al verdadero asunto: Murillo Karam y su nuevo nombramiento.

El ex-Procurador se hizo mundialmente famoso por su ineptitud al tratar con el caso Ayotzinapa. Su famosa frase “Ya me cansé” aparecería en las portadas de la BBC, The Guardian, New York Times, entre otras importantes cadenas de noticias. Tras esto, el gobierno se vio presionado por organizaciones como la ONU e International Amnesty, acorralado, y con los escándalos de las residencias y la corrupción del actual gobierno, así como el declive del “Mexican Moment” y la descalificación de medios internacionales, forzaron la llegada a una conclusión del caso, la cual fue rechazada por la gran mayoría de los mexicanos junto con la Comunidad Internacional en sí. Pero no hay que culparnos por no creer, pues, ¿quién lo haría con un gobierno como el nuestro? ¿Quieren que nos sumamos a esa sumisión que provocan sus spots en una televisión chatarra? ¿Nos quieren hacer creer que, una vez resuelto el caso, podremos volver a nuestras vidas normales, fingiendo que no pasa nada? Y mejor aún, nuestro querido presidente nos demuestra que él también desaprueba la forma en que se manejaron las cosas y despide, o mejor dicho, hace renunciar a Murillo Karam de la Procuraduría General de la República. Ahora, éste se hará cargo de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (SEDATU), un cambio, se podría decir, un tanto radical.

Todo esto forma parte del juego político y nos ha acompañado desde siempre en nuestra historia. El mandamás hace a alguien renunciar y lo manda a un puesto menor, en donde no pueda causar mayores problemas. Así es, sin embargo lo que más concierne actualmente es el cinismo con el que Peña Nieto y su equipo manejan las cosas. Esta verdadera telenovela con un débil, ignorante y fácilmente manipulable protagonista, en donde escándalos, desvíos de recursos, autoridades entregando a civiles al crimen organizado, vicios y polémica nos lleva verdaderamente a la reflexión. Una reflexión que se alimenta después del discurso pronunciado por el director mexicano ganador de diferentes Óscares, incluyendo “Mejor Director”, Iñárritu, quien mencionó que esperaba algún día pudiéramos tener “el gobierno que merecemos”. ¡Cruel ironía! Pues es eso lo que ya tenemos, y fue nuestro egoísmo, nuestra ignorancia, nuestra falta de participación política, nuestra normalización de la violencia, miseria y muerte, nuestra falta de identidad nacional y nuestra desunión como comunidad las que nos llevaron a tener la oligarquía que ahora tenemos.

La situación de Murillo Karam muestra hoy más que nunca la crisis por la que atraviesa el “inaplaudido” gobierno de Peña Nieto. Crisis que desmorona poco a poco su equipo de trabajo. No sorprendería que el próximo borrado de la lista fuera. Luis Videgaray, o incluso su primera dama, porque claro, todo es posible en México. Por eso es que, para tener verdaderamente el “gobierno que merecemos”, tenemos primero que analizar aquellas cosas que están mal en nosotros mismos y llegar poco a poco a un colectivo responsable y dispuesto a defender ideales que construyan una nueva nación. El cambio está en empezar desde cero. Un Renaissance de nuestro sistema político arrancando a aquellos que odian a México, que le roban y ven sólo por los intereses de unos pocos, desde la raíz.

¿Y si nos educamos? ¿Y si opinamos y ejercemos participación política? ¿Si cuestionamos? ¿Si no nos resignamos a estar insatisfechos por lo que vemos a nuestro alrededor? ¿Si nos atrevemos a generar un nuevo paradigma rompiendo los esquemas actuales? ¿Si nos damos cuenta de que no es normal que se entregue a los civiles a los narcotraficantes o que nuestro gobernantes tengan un patrimonio de 200 millones de pesos? Quizás entonces podremos remover Nuestras Máscaras y tener un país que merezcamos.Avances del caso